El primer día hábil del confinamiento de nueve días, dispuestos por el Gobierno nacional y al que adhirió la Provincia, encontró a Tucumán con una reducción de hasta un 65% del nivel de circulación de vehículos y de personas, según le dijo a LA GACETA el ministro de Seguridad, Claudio Maley. La inactividad en el sector público y la interrupción de la presencialidad en las escuelas han sido dos de las razones por las cuales se observó menos población transitando por las calles, admitió el funcionario. “Puede decirse, entonces, que dentro de ese 35% de personas que circuló está los trabajadores esenciales y aquellos que salieron a adquirir productos para el sustento familiar”, acotó.
Las protestas callejeras de comerciantes agobiados por el impacto en sus negocios del confinamiento dieron paso al diálogo y a los anuncios de medidas que tiendan a mitigar la situación. El fin de semana que transcurrió se caracterizó por la reapertura de la grieta entre aquellos que consideraban inapropiado volver a Fase 1 de los otros que, por temor a la Covid-19, permanecieron en sus hogares, mientras la curva de contagios crecía en las estadísticas oficiales.
El choque de posturas se enfatizó frente al descreimiento, por un lado, de las acciones de algunos políticos que no respetaron el distanciamiento social durante la pandemia y que golpeó su credibilidad. Por el otro estuvo la sociedad que ha visto de cerca casos de Covid-19 que llevaron a reflexionar que hay que preservar la salud por sobre las otras cuestiones, independientemente de las conductas o inconductas de la clase dirigente. Éste último sector, según los especialistas, estuvo más pendiente del movimiento de los consultorios febriles que de las protestas.
La psicóloga, con maestría en Sociología Aplicada, Roxana Laks abona la teoría de la “minoría intensa” que en estos momentos de la pandemia logran visibilizarse gracias a sus acciones que ejecutan a través de las redes sociales y de los medios de comunicación. “Si nos tomamos por los hechos concretos, es más alto el porcentaje de la población que ha decidido quedarse en casa, frente al riesgo de contagio, que de otras franjas que se autodenominaron como rebeldes sin tomar en cuenta la prevención”, apunta en una charla con LA GACETA.
Según la directora de la consultora Sociología y Mercado, este tipo de comportamientos son la demostración de que se está rompiendo los lazos de solidaridad que, en momentos difíciles como esta pandemia de la Covid-19, son imprescindibles que sean reforzados. Laks cree que no se pueden mantener las conductas anómicas, sino que es necesario también resaltar la colaboración de gran parte de la sociedad que se solidariza con lo que, por ejemplo, está padeciendo el personal de salud.
Josefina Racedo, directora de la Maestría en Psicología Social de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), observa que el caso de las protestas refleja otras divisiones que se naturalizaron en el país, con ideas dominantes que se van volviendo ”naturales” en la configuración del pensamiento. “Ante una situación que a todos nos preocupa están aquellos que priorizan no enfermarse y evitar el contagio que a otros que se exponen, en caravanas, al virus”, independientemente del reclamo, puntualiza.
Racedo considera que, “más que pensar en la división, la sociedad debería juntarse a pensar”, más allá de las contradicciones y de los intereses sectoriales. “Aquí hay una idea central, que es la vida y la salud; también están otras cuestiones como el hambre, la falta de insumos o las formas básicas de sustentarse. Los que tienen este tipo de preocupaciones están conflictuados en su subjetividad. En esto, nadie se salva solo o sólo su grupo. No hay una sola ventana, pero sí hay que sumar para que haya una puerta grande que permita resolver todas estas cuestiones”, remarca.
La especialista aclara que la realidad que se presenta frente a la acción de una parte de la sociedad, que ha decidido quedarse en su casa (que quizás coincidan con los reclamos, pero no con la manera de protestar), de la otra, que salió a la calle a demandar soluciones para sus actividades, resulta muy compleja de interpretar. “No tiene una sola respuesta, pero mientras más sean las personas o los representantes que se junten para organizar algo, mayor será la probabilidad de alcanzar una solidaridad vecinal”, manifiesta la psicóloga social.
En esas diferentes realidades frente al momento actual del mundo, Racedo inscribe no sólo a los empresarios y comerciantes, sino también “a los vecinos de barrios, a los que no tienen un trabajo efectivo y mensualizado que largamente sufren las crisis económica, política y social y ahora la desencadenada por la Covid”.
Sondeo: la asistencia psicológica
El 45% de los encuestados por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano afirma que debió recurrir a asistencia psicológica para atravesar la pandemia. En tanto, el 38% declara que aún no lo hizo, pero que analiza buscar ayuda profesional en el futuro, para sobrellevar la situación. Sólo el 15% descarta la consulta. Como complemento, el 45% de los participantes admite que la actividad que más dejó de realizar durante la pandemia y, por ende, la que más extraña, es el encuentro con familiares y amigos.